La profunda libertad qué da el cambio.

El 2024 fue un año desafiante. Aunque el cambio siempre ha sido una constante en mi vida, el año pasado me sentí profundamente desorientada. Venía de un 2023 introspectivo, lleno de balances. A veces siento que, en los últimos 10 años, viví una vida entera, y a la vez, todo pasó en un segundo. Es una sensación difícil de asimilar.

Te encontrás mirando fotos, emocionada y aturdida por la rapidez con la que se fueron todos esos momentos. Al principio, sentí angustia, una sensación de no hallarme, como si esas imágenes fueran de alguien conocido, pero no de mí misma.

Todas esas horas pensando, escribiendo, buscándome, me llevaron a crear MUDAR. Este sitio comenzó como un espacio para recopilar mi vida laboral y mis experiencias, con la intención de ayudar a quienes, como yo, decidieron dejar todo atrás para lanzarse a un proyecto familiar en el extranjero. Lo entendía como algo necesario, una herramienta para aportar bienestar, pero en realidad, estaba dándome un propósito en medio de tanto caos.

Estudié, preparé capacitaciones, reuní a mis amigas, mi TRIBU —como me gusta llamarlas—. Nos juntamos, invitamos a desconocidas, conversamos, lloramos, nos reímos… Pero MUDAR seguía sin forma. Me resultaba tan difícil encontrar el ¿para qué?.

Hubo días en los que llegué a pensar que estaba deprimida. Me sentía cansada e incapaz. Las horas del día se hacían largas, pesadas. MUDAR ya había nacido pero no lograba encontrarle un rumbo. Más que una página para quienes migran, se convirtió en un salvavidas para mí, un espacio que me hacía sentir ocupada y útil.

En medio de todo este proceso, llegó otro desafío: un desorden hormonal. Sin fuerza fisica, distraída, incapaz de concentrarme. Incluso mi memoria, esa de la que siempre me jacté, comenzó a fallar. Los reels me bombardeaban con mensajes sobre colágeno, magnesio y vitaminas. Mujeres hablando de la perimenopausia… Y ahí estaba yo, dándome cuenta de que el ciclo biológico de la vida estaba llamándome.

Me estoy preparando para el siguiente paso, ese que no distingue si migraste o estás en tu país de origen, si trabajás o si dejaste tu carrera hace años. Todo en mí me recuerda que los hijos crecen y se van, que el cuerpo cambia, y que, una vez más, tendré que adaptarme, reinventarme, aceptar y seguir adelante.

MUDAR, al igual que yo, está en transformación. Este sitio hace honor a su nombre: mudará tantas veces como sea necesario, siempre desde la profunda libertad que da el cambio.

Hoy, con mucha más claridad, esta página y yo estamos encontrando su propósito. Creo firmemente que las relaciones humanas saludables tienen un impacto directo en nuestro bienestar social, emocional y físico. Sin importar la edad o el lugar, las relaciones humanas IMPORTAN.

Construir vínculos y conectarnos con nuestro entorno mantiene al cerebro en forma. Relacionarnos desde la responsabilidad, la comunicación y el encuentro genera interacciones positivas y empáticas que ayudan a reducir el estrés y la ansiedad.

Hoy comprendo que generar redes sociales donde quiera que esté siempre ha sido mi pasión. Seguiré trabajando arduamente para aportar mi granito de arena desde este lugar.

¿MUDAMOS?

¿Las empresas que brindan servicios de relocación realmente ayudan?

Mudarse a un nuevo país puede ser una experiencia abrumadora. Muchas compañías, conscientes de este desafío, contratan empresas que brindan servicios de relocación (Mobility) para ayudar a sus ejecutivos y familias a instalarse en el nuevo destino. El objetivo es facilitar la transición y reducir el estrés.

El desafío de migrar.

Es sabido que las mudanzas son estresantes, y si añadimos la migración a la ecuación, la situación se convierte en una verdadera odisea. En muy poco tiempo, debemos tomar decisiones cruciales que determinarán nuestra calidad de vida en un lugar que, muchas veces, desconocemos tanto en términos de cultura como de entorno. En estos casos, la experiencia de otros expatriados se convierte en nuestra guía hasta que podamos establecer nuestra propia rutina en el nuevo país.

Preparación: un factor subestimado.

Tanto los empleados como las compañías a menudo subestiman la preparación necesaria para una experiencia de relocalización exitosa. Suelen centrarse en acordar las condiciones salariales y algunos beneficios adicionales, prestando poca atención a aspectos vitales como la comprensión de las costumbres y normas sociales del nuevo lugar, la definición clara del rol del trabajador, y el apoyo a la familia para crear una red de conexiones. Estos factores son cruciales para reducir el estrés inicial y minimizar el impacto del traslado en el desempeño laboral.

Las limitaciones de las empresas que brindan servicios de relocación.

Idealmente, las empresas que brindan servicios de relocación deberían abordar todos estos aspectos, pero en la práctica, muchas de ellas operan más como agentes de bienes raíces que como verdaderos facilitadores del proceso migratorio. Suelen prestar poca atención a la dinámica familiar y las necesidades de adaptación, ignorando el proceso emocional que cada miembro de la familia atraviesa. Además, muchas veces subestiman la importancia de las redes de apoyo y tratan a los expatriados como turistas temporales en lugar de residentes permanentes. Esto se refleja claramente en sus páginas web y newsletters, que a menudo parecen folletos turísticos en lugar de ofrecer información práctica para la vida diaria.

La realidad de los expatriados.

Las empresas que contratan estos servicios a menudo se desentienden, creyendo que sus empleados están en buenas manos. Mientras tanto, los recién llegados, abrumados por la cantidad de decisiones a tomar, suelen aceptar la ayuda disponible y descartar lo que no les sirve, confiando en su instinto, pidiendo soporte en redes sociales y personas que van conociendo, para adaptarse a su nueva realidad. El objetivo final es siempre el mismo: adaptar a la familia al nuevo lugar y establecer una nueva rutina que permita una integración exitosa.

Nuestra propuesta: un enfoque diferente

En MUDAR, entendemos que nadie comprende mejor la experiencia de expatriación que aquellos que la hemos vivido. Nuestro equipo está listo para apoyarte en cada paso del proceso, ofreciendo una verdadera contención y comprensión de tus necesidades.

Nadie puede ofrecer lo que no posee, ni guiar por un sendero que previamente no transitó, ni brindar una enseñanza si primero no realizó el aprendizaje.

Oscar Anzorena, p. 50.

¡Contáctanos y descubre cómo podemos hacer de tu mudanza una experiencia mucho más manejable y satisfactoria!.

Mudar la piel.

Una metáfora del crecimiento personal.

En la naturaleza, el proceso de crecimiento está intrínsecamente ligado a la necesidad de mudar la piel. Algunos animales necesitan una nueva capa que se ajuste a su tamaño y edad conforme avanzan en su desarrollo. Este ciclo de renovación y adaptación constante, influenciado por factores hormonales, es una poderosa metáfora para entender el cambio en nuestras vidas.

De manera similar, enfrentar un cambio en la vida humana es iniciar un proceso de aprendizaje que requiere predisposición. Implica prepararse y disponerse anticipadamente para los desafíos que se avecinan. Cada cambio implica un ajuste profundo en nuestro modo de vida.

Personalmente, durante mis años como expatriada, viví esta transformación de manera intensa. Convertida en mamá a tiempo completo y dejando atrás mi vida profesional, continué estudiando y aprendiendo, sin embargo, el verdadero crecimiento llegó al escuchar las historias de aquellos que cruzaron mi camino.

Cada persona que emigra tiene una historia única de crecimiento para compartir, se ve obligado a adaptarse al nuevo entorno. Este proceso requiere un esfuerzo consciente para aceptar las nuevas reglas del juego sin perder nuestra esencia. Cada relato que escuché fue una lección de vida. Con el tiempo, comprendí que esos relatos no eran ajenos a mí; también formaban parte de mi propia historia. Yo también había empezado de nuevo, yo también era capaz de reinventarme.

Narrar nuestras historias es un acto de generosidad y fortaleza. Nos permite conectar con otros, revelar experiencias y ser una fuente de inspiración. Necesitamos sentir que no estamos solos, tener puntos de referencia en otras personas. Generar empatía y admiración por el prójimo es fundamental para nuestro crecimiento personal.

Recordar que quienes deciden ser felices no tienen nada que nosotros no tengamos, que simplemente han ajustado sus sentimientos para detectar todo lo bueno y seguir adelante, es un poderoso mensaje para los momentos difíciles. Como dijo Sócrates, «el secreto del cambio radica en enfocar nuestra energía en construir lo nuevo, en lugar de luchar contra lo viejo». Mudar la piel es abrazar la oportunidad de cambiar y crecer, sin perder nuestra esencia en el proceso.

Estas palabras son un pequeño homenaje a cada persona que crucé en el camino y ha tenido la grandeza de regalarme su historia, algunas eran tristes, otras alegres, pero todas fueron valiosas. Siento en ellas la verdadera magia de la conexión humana.

Pato Gregorini.

La carta de Taly.

El fin de semana, una amiga venezolana muy querida, quien se mudó con su familia de Panamá a Bogotá en abril de 2023, compartió una hermosa carta escrita por su hija de 10 años. Tuve el honor de que me permitiera compartirla.

La carta de Taly, sus palabras relatando su proceso y la oración final: APRENDÍ QUE LOS CAMBIOS PUEDEN SER MUY BUENOS, me hizo reflexionar sobre uno de los mayores temores que enfrentamos como padres al atravesar un cambio de país: el miedo a que nuestros hijos no se adapten. Nos preocupa pensar que los alejaremos de sus abuelos, tíos, primos y de los colegios que tanto adoran, sumergiéndolos en el amargo sentimiento del desarraigo desde una edad temprana. Los expondremos a la experiencia de ser los nuevos, de sentirse diferentes, de tener que adaptarse y, quizás, hasta de aprender un nuevo idioma. Si están en la adolescencia, el panorama parece aún más desafiante. Esta etapa tan compleja de la vida, combinada con las dificultades de la expatriación, puede convertirse en una bomba de tiempo para la estabilidad familiar.

Cuando tenía 15 años, nos mudamos de Buenos Aires a Rosario, Santa Fe. Odiaba a mis padres por obligarme a cambiar de colegio y de casa una vez más. Sentirme obligada a establecer nuevos lazos, conocer gente nueva, me hacía sentir evaluada, observada e incluso insegura. Esto me generaba una enorme presión. Lloré, lloré muchísimo durante días. Todavía recuerdo esa difícil conversación con mi papá, cuando me dijo: «que te adaptes va a depender de vos».

Esa era nuestra realidad: mudarnos, cambiar, adaptarnos.

Pero también era nuestra realidad estar juntos, los cuatro, donde sea que fuéramos.

La vida en Rosario era muy diferente a lo que estaba acostumbrada en Buenos Aires. Fue residiendo allí que comprendí que hay tantas formas de vivir como personas en el mundo y, sobre todo, la importancia de construir lazos. Esta ciudad increíble me regaló amistades que han perdurado en el tiempo y el espacio. 

Hoy, como madre y nómade, entiendo los sentimientos que vivieron mis padres, los que vivieron los padres de Taly… No queremos ver sufrir a nuestros hijos, pero al reflexionar sobre todo lo que he aprendido en cada mudanza, las personas que he tenido la oportunidad de conocer y las historias que me han regalado, me doy cuenta de lo maravilloso que ha sido poder comprender desde chica que «lo único constante es el cambio», y que depende de mí cómo lo viviré y qué actitud adoptaré para enfrentarlo. Pienso en el coraje y la sabiduría de mis viejos al ver que ese dolor inicial me traería las mejores lecciones de mi vida.

«Mañana tal vez tengamos que sentarnos frente a nuestros hijos y decirles que fuimos derrotados. Pero no podremos mirarlos a los ojos y decirles que viven así porque no nos animamos a pelear».

Mahatma Gandhi

Tomar la difícil decisión de irnos de nuestros país de origen es duro. Es duro para todos. Dejar de hacerlo para que nuestros hijos no sufran, es cruel. La carta de Taly me recordó la afortunada que fui de tener padres valientes que se animaron a regalarme un mundo de posibilidades.

Edición especial: Día Internacional del Trabajador.

El reciente Día del Trabajador me llevó a pensar en las batallas que aún nos esperan en el mundo laboral, especialmente para aquellos que migran en busca de oportunidades.

Cada año, millones de personas dejan sus países de origen en busca de un futuro mejor. Muchos se ven impulsados por la necesidad básica de sobrevivir frente a la pobreza y la inseguridad. Están dispuestos a trabajar en cualquier cosa y, tristemente, muchos son víctimas de abusos y discriminación. 

La demanda de trabajadores migrantes está en aumento, no solo para puestos altamente calificados, sino también para trabajos mal pagados que requieren habilidades mínimas, como la agricultura, limpieza, construcción, servicio doméstico, atención médica e incluso el trabajo sexual.

Es crucial reconocer el impacto significativo que ejercen los trabajadores migrantes en la economía global. A través de las remesas que envían a sus países de origen para sostener a sus familias, y al contribuir a los sistemas de seguridad social de los países donde laboran, estos individuos no solo respaldan a sus seres queridos y comunidades, sino que también dinamizan el consumo en las economías locales. He sido testigo de ello durante nuestra estadía en El Salvador. En 2023, el país recibió aproximadamente US$8,000 millones en remesas familiares, según datos del Banco Central de Reserva de El Salvador, lo cual ha sido crucial para la sostenibilidad económica de la nación. Según la ONU, casi una cuarta parte de la población salvadoreña reside en el extranjero, principalmente en Estados Unidos, Canadá y Guatemala.

Incluso al migrar de manera «legal», las leyes laborales representan un obstáculo en muchos países. En Panamá, país donde residimos actualmente, las leyes laborales limitan ciertas profesiones para los residentes extranjeros, como abogacía, ingeniería, arquitectura, medicina y periodismo, entre otras, complicando la inserción laboral de aquellos que, por diversas circunstancias, deben vivir en suelo panameño.

Pero más allá de las leyes, muchos de estos trabajadores también enfrentan prejuicios por parte de sus compatriotas, quienes menosprecian los empleos que aceptan en el extranjero. En Argentina, por ejemplo, es común utilizar términos despectivos como «lava copas» para referirse a aquellos que emigran y trabajan en ocupaciones que quizás no aceptarían en su lugar de origen. Lo mismo ocurre cuando uno se muda por trabajo a países menos comunes, por así llamarlos. Personalmente, recuerdo la sorpresa e indignación en los rostros de muchas personas cuando anunciábamos nuestra mudanza a El Salvador debido a una excelente oferta laboral que le hicieron a mi esposo; nos miraban con asombro al escuchar el país al que nos íbamos, como si estuviéramos trasladándonos al infierno.

La libertad de movimiento en el mundo y la posibilidad de cambiar de empleo son fundamentales para aprovechar mejor la fuerza laboral y facilitar el desarrollo económico. Además, superar barreras y prejuicios nos ayuda a evolucionar como seres humanos. El mundo se expande y se llena de oportunidades cuando salimos de nuestra zona de confort y exploramos otras formas de vida. La emigración puede provocar una «fuga de cerebros» en los países de origen, pero también contribuye a su desarrollo mediante las remesas y la transferencia de conocimientos.

El Día del Trabajador es un homenaje a los obreros que, en 1886, lucharon por derechos laborales básicos y a quienes aún hoy en día continúan batallando por empleos dignos y condiciones laborales justas.

¡Feliz día a todos aquellos que siguen luchando por estos ideales y nunca se rinden!.

«Conviértete en el cambio que deseas ver en el mundo».

Mahatma Gandhi.

Serie EXPATS.

Reflexión sobre el impacto de las «nanas» en la vida de los expatriados.

La serie «Expats» narra la vida de tres familias estadounidenses que residen en Hong Kong, cuyas vidas se entrelazan a través de la tragedia.

Es importante destacar que las adversidades que enfrentan no son exclusivas de su condición de expatriados; más bien, siento que la serie explora cómo esta circunstancia agrava sus experiencias al estar lejos de su país de origen.

Ser expatriado no exime a nadie de los desafíos comunes que todos enfrentamos en distintas etapas de la vida. La diferencia crucial radica en la falta de apoyo emocional de familiares y amigos cercanos. 

Cada episodio aborda diversas problemáticas que enfrentan las familias migrantes, como las barreras idiomáticas, choques culturales, diferencias culinarias, estándares de belleza y moda, abordajes políticos, trabas burocráticas, y las complejidades de la dinámica familiar en ausencia de redes de apoyo.

Un tema central en la serie, y uno que personalmente me ha atormentado como expatriada, es el rol de las «nanas». 

Cuando los padres no están, necesitan una asistente, a la que comúnmente se le llama niñera o nana. 

Se espera que estas llenen el espacio de los padres, pero muchas veces quienes quedan a cargo son niñas traídas del interior del país que apenas saben leer y escribir y sin experiencia en cuidado de infantes.

López, Mariana. Nanas: protectoras, guías y asistentes. Diario Panamá América. (21/04/2014 – 10:34am). 

Recuerdo que al mudarme a El Salvador, los expatriados que conocía me preguntaban casi de inmediato si tenía una buena nana viviendo con nosotros. Incluso la secretaria del pediatra me preguntaba cuándo iba a contratar una nana cada vez que visitaba el consultorio sola con mis dos bebés. Al principio, proveniente de una cultura donde las nanas no son parte de la dinámica familiar, hasta me sentía ofendida por esos comentarios. Llegué a responder que no había traído hijos al mundo para que los criara un desconocido.

Me indignaba pensar que alguien ajeno a nuestra familia y cultura pudiera cuidar de mis hijos. Reflexionaba sobre cómo en la antigua Grecia, las familias adineradas contrataban a filósofos educados para cuidar a sus hijos, mientras que cientos de años después y supuestamente habiendo evolucionado, se prefería a mujeres sin educación formal y desconocidas.

Durante meses rechacé la idea de aceptar ayuda, contratando solo a alguien para limpiar y ordenar la casa ocasionalmente. Al principio, esta dinámica funcionó bien, pero con el tiempo, la situación cambió. Mi esposo viajaba mucho, mi hijo mayor iba pocas horas al kinder, y mi bebé demandaba atención constante. Sin el respaldo de familiares, ni amigos cercanos, un día colapsé por agotamiento.

Fue entonces cuando comprendí que debía reconsiderar mis prejuicios y escuchar las experiencias de otros expatriados más experimentados. Las nanas se revelaron como figuras fundamentales para nuestra supervivencia expatriada, permitiéndonos tomar un respiro necesario para cuidar de nuestra salud mental y física.

Estas mujeres, la mayoría madres que dejan a sus propios hijos al cuidado de familiares en sus países de origen, cruzan fronteras para cuidar a niños ajenos y poder así enviar dinero a sus seres queridos. 

La serie «Expats», más allá de la tragedia que enfrenta la familia principal y las diversas problemáticas que aborda, me provocó una reflexión profunda sobre el impacto y la importancia de las «nanas» en la vida de los expatriados.

Experimenta el nuevo país a través de tus ojos.

Cuando dejamos Argentina, nos mudamos a El Salvador. No era un destino popular entre mis compatriotas; eran muy pocos los argentinos que vivían allí. Esto me obligó a construir mi red de contactos con personas locales y otros expatriados.

Años después, leí un consejo de una expatriada que decía:

«Tampoco busques inmediatamente la comunidad de tu país de origen después de mudarte (conéctate con ellos más tarde). Sería demasiado cómodo no relacionarte con los lugareños. Si el idioma es nuevo, no lo practicarás tanto y experimentarás el nuevo país a través de sus ojos en lugar de los tuyos.»

Lucyna Bolin

Con el paso del tiempo y tras conocer personas de todo el mundo, este es definitivamente uno de los consejos que compartiría con alguien que está a punto de emigrar. El camino puede volverse más desafiante, pero si realmente deseas vivir una experiencia completa, vale la pena recorrerlo.

Al llegar a un nuevo destino, te sientes desorientado y abrumado. Las tareas cotidianas se vuelven difíciles. Debes familiarizarte con el lugar, sus olores, aprender el idioma, entre otros aspectos. Tendrás que desaprender tu forma habitual de hacer las cosas para adaptarte al nuevo entorno que te acoge. Mudarte al extranjero pondrá tu mundo patas arriba.

En medio de ese caos, lo más fácil es buscar la comunidad de tu país. Es como encontrar calma en medio de la tormenta y recuperar ese sentido de pertenencia que tanto anhelas. Por momentos, te hará sentir «en casa». Sin embargo, también puede crear la falsa ilusión de que el nuevo lugar es tu país, lo que dificultará la adaptación a las nuevas costumbres y te expondrá más a la queja constante, creyendo que las cosas se hacen mejor en donde vienes.

La migración es un proceso de des-aprendizaje y aprendizaje al mismo tiempo, donde comprendes que no hay formas correctas o incorrectas de hacer las cosas, simplemente son diferentes. Debes abrazar lo que te gusta y dejar ir lo que no. No generalices pensando que todos los del país tienen características comunes; conocerás personas maravillosas y no tanto de la misma nacionalidad. Debes tener humildad, tú eres el diferente y, si lo deseas, esto hasta te hará «especial».

No es un proceso fácil; requiere paciencia y apertura mental. Pero créeme, vale la pena. Un día, tu mundo será tan amplio que ninguna frontera podrá detenerte. Mirarás atrás con orgullo por el camino recorrido y el autoconocimiento adquirido, fortalezas que te ayudarán a reinventarte las veces que sea necesario, logrando la mejor versión de vos donde sea que vayas.

Desarraigo. Aprender a vivir entre la felicidad y la pena.

El desarraigo es aceptar que ya no perteneces a ninguna parte pero es posible que te sientas bien a dónde quiera que vayas. 

Te convertirás en un extraño en el nuevo destino y también en tu país de origen. Tendrás acento al hablar y te verás distinto a los lugareños, todos esto te hará sentir que no encajas y al mismo tiempo, “especial”. 

Tu vida cambiará para siempre, irte abrirá tu mente, ampliará tus horizontes, sin embargo habrá momentos de mucha confusión, te sentirás fuera de lugar, esforzándote por pertenecer sin saber cuál es el camino a casa, agotado emocionalmente.  Te pondrá a prueba. 

Deberás aprender a gestionar sentimientos ambiguos, encontrar el rumbo en el desequilibrio, tomar decisiones por instinto, encontrar claridad entre el cambio constante y la incertidumbre, conectar en medio de la soledad que te golpea duro pero te ofrecerá, a la vez, espacios de introspección y autoconocimiento.

Tendrás que comprender que el mundo no vendrá a ti, tú eres quien debe hacer el esfuerzo para conocer personas de la nueva cultura, otros expatriados. Las amistades ocuparán un lugar muy importante en tu vida en el exterior. 

Todo será esfuerzo por un tiempo, incluso cosas cotidianas como ir al supermercado serán distintas. Sentirás que estas volviendo a empezar, lo que es aterrador, y al mismo tiempo, una hermosa oportunidad para reinventarse. ¡Se amable contigo!.

Realiza el cambio con todo tu ser dejar atrás una parte de ti hará más difícil encontrar tu lugar. Convierte tu nuevo país en tu hogar, abandona tu antigua forma de hacer las cosas, abraza las nuevas costumbre y deja a un lado las que no te gusten. No critiques, no compares. No esperes que sea como tu país de origen, no lo será. 

No hay países buenos o malos. ¡La mentalidad con la que afrontes el cambio lo será todo!

Mudarte a otro país puede ser intimidante. Permítete explorar, descubrir, fallar y recuperarte. Incluso puedes volver a casa sabiendo que lo intentaste y no era para ti. Una vez que lo comprendes, el mundo se llena de posibilidades. ¡No hay prisa!.

Gestionar el caos de la mudanza.

Se requiere paciencia, apertura mental, entendimiento, inteligencia emocional y equilibrio para administrar el caos y la incertidumbre que provoca una mudanza internacional. La gestión positiva de las emociones te ayudará a transformar el caos en efectividad. 

«El orden, trae orden».

Es vital aprender a convivir en el nuevo país, incorporando progresivamente la cultura y generando entornos de confianza. Estas acciones traerán orden a nuestra nueva vida.

Aprender a vivir en el nuevo país lleva tiempo, mucha paciencia y aprendizaje, es un proceso en el que debemos asimilar otra cultura, idioma, paisajes, olores, entre muchas cosas. Cada persona tendrá su tiempo cronológico de adaptación.

Es importante comprender que algunas cosas de la nueva cultura te gustarán y otras no, puedes adquirir las costumbres que te hacen sentir a gusto y las que no, déjalas pasar. 

Y recuerda que el nuevo eres tú, no el país que te acoge, ni sus costumbres. 

Facilitando el cambio.

Al mudarse, la llegada al nuevo país puede ir acompañada de desorientación, sin embargo las primeras semanas se caracterizan por un estado de euforia conocido como “honeymoon stage”. La tensión previa al traslado, los preparativos y los miedos parecen haber desaparecido. El expatriado vive el momento como una oportunidad y reto a nivel personal. 

Cuando se sale del estado de “optimismo exagerado” (honeymoon stage), generalmente, por una decepción o un malentendido en el nuevo país, es común que la persona cambie su estado de ánimo, tratando de aferrarse a sus viejos hábitos y su antigua cultura; le cuesta aceptar otras “formas de hacer”. Pasada la Etapa Inicial de Expatriación, puede surgir un período de inadaptación, frustración, desajuste y hasta depresión, conocido como «shock cultural».

En MUDAR, brindamos apoyo al empleado y su familia durante los primeros meses de cambio para mitigar el impacto de esta Etapa Inicial. Migrar implica múltiples duelos como: la pérdida de familiares y amigos, idioma, cultura, tierra y estatus social, e incluso puede involucrar racismo, xenofobia o riesgo de vida.

La adaptación al cambio debe involucrar a todos los miembros de la familia, abordándolo de manera positiva como una oportunidad de crecimiento personal. Es crucial escuchar las expectativas y necesidades de cada integrante, incluyendo sus temores e inseguridades.

Establecer redes de apoyo sólidas ayudará a superar las dificultades, priorizando el bienestar familiar y el éxito del empleado en su nueva misión laboral.

He enfrentado y superado los desafíos asociados con la migración, estoy aquí para facilitar tu proceso y el de tu organización, haciendo el camino más sencillo y enriquecedor. ¿Mudamos?

Patricia Gregorini.