Edición especial: Día Internacional del Trabajador.

El reciente Día del Trabajador me llevó a pensar en las batallas que aún nos esperan en el mundo laboral, especialmente para aquellos que migran en busca de oportunidades.

Cada año, millones de personas dejan sus países de origen en busca de un futuro mejor. Muchos se ven impulsados por la necesidad básica de sobrevivir frente a la pobreza y la inseguridad. Están dispuestos a trabajar en cualquier cosa y, tristemente, muchos son víctimas de abusos y discriminación. 

La demanda de trabajadores migrantes está en aumento, no solo para puestos altamente calificados, sino también para trabajos mal pagados que requieren habilidades mínimas, como la agricultura, limpieza, construcción, servicio doméstico, atención médica e incluso el trabajo sexual.

Es crucial reconocer el impacto significativo que ejercen los trabajadores migrantes en la economía global. A través de las remesas que envían a sus países de origen para sostener a sus familias, y al contribuir a los sistemas de seguridad social de los países donde laboran, estos individuos no solo respaldan a sus seres queridos y comunidades, sino que también dinamizan el consumo en las economías locales. He sido testigo de ello durante nuestra estadía en El Salvador. En 2023, el país recibió aproximadamente US$8,000 millones en remesas familiares, según datos del Banco Central de Reserva de El Salvador, lo cual ha sido crucial para la sostenibilidad económica de la nación. Según la ONU, casi una cuarta parte de la población salvadoreña reside en el extranjero, principalmente en Estados Unidos, Canadá y Guatemala.

Incluso al migrar de manera «legal», las leyes laborales representan un obstáculo en muchos países. En Panamá, país donde residimos actualmente, las leyes laborales limitan ciertas profesiones para los residentes extranjeros, como abogacía, ingeniería, arquitectura, medicina y periodismo, entre otras, complicando la inserción laboral de aquellos que, por diversas circunstancias, deben vivir en suelo panameño.

Pero más allá de las leyes, muchos de estos trabajadores también enfrentan prejuicios por parte de sus compatriotas, quienes menosprecian los empleos que aceptan en el extranjero. En Argentina, por ejemplo, es común utilizar términos despectivos como «lava copas» para referirse a aquellos que emigran y trabajan en ocupaciones que quizás no aceptarían en su lugar de origen. Lo mismo ocurre cuando uno se muda por trabajo a países menos comunes, por así llamarlos. Personalmente, recuerdo la sorpresa e indignación en los rostros de muchas personas cuando anunciábamos nuestra mudanza a El Salvador debido a una excelente oferta laboral que le hicieron a mi esposo; nos miraban con asombro al escuchar el país al que nos íbamos, como si estuviéramos trasladándonos al infierno.

La libertad de movimiento en el mundo y la posibilidad de cambiar de empleo son fundamentales para aprovechar mejor la fuerza laboral y facilitar el desarrollo económico. Además, superar barreras y prejuicios nos ayuda a evolucionar como seres humanos. El mundo se expande y se llena de oportunidades cuando salimos de nuestra zona de confort y exploramos otras formas de vida. La emigración puede provocar una «fuga de cerebros» en los países de origen, pero también contribuye a su desarrollo mediante las remesas y la transferencia de conocimientos.

El Día del Trabajador es un homenaje a los obreros que, en 1886, lucharon por derechos laborales básicos y a quienes aún hoy en día continúan batallando por empleos dignos y condiciones laborales justas.

¡Feliz día a todos aquellos que siguen luchando por estos ideales y nunca se rinden!.

«Conviértete en el cambio que deseas ver en el mundo».

Mahatma Gandhi.

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