En mi vida se han mantenido estables los cambios en general y en particular las mudanzas.
Comencé a estudiar el significado de la palabra mudar. Necesitaba darle más sentido, comprendí que no es sólo dejar la casa que se habita y pasar a vivir en otra. Cada mudanza implica cambiar el modo de vida, dejar afectos, removerse, tomar otro lugar, variar.
En 2016 llegó a manos de mi esposo una tentadora oferta para mudarnos de país. Así fue que abandoné el mundo corporativo en el área de Recursos Humanos y comencé a acompañarlo en sus nuevos desafíos laborales.

MUDAR nace de esta experiencia de vida como servicio de ayuda y contención principalmente para todos aquellos que por un proyecto familiar deben tomar el rol silencioso de acompañantes indispensable para el éxito de la nueva etapa familiar.
La inserción positiva de la familia expatriada radica esencialmente en la persona que no es contratada por la empresa. El rol proactivo del que acompaña es proporcionar soporte emocional y estabilidad conduciendo al grupo familiar a facilitar la transición y el estrés del cambio. Quien carga con esa tarea suele abandonar sueños y profesión en pos del nuevo proyecto. Ellos son la clave de una familia en equilibrio, adaptada al entorno. La recompensa es ser pilares de la armonía familiar y disfrutar los logros profesionales de su pareja.
La primera causa de fracaso de un proceso de expatriación es la falta de adaptación, esto puede llevar a disminuir la eficacia y calidad de trabajo del empleado contratado, renunciar a la misión o traer graves conflictos familiares.
Llevar a una familia a otro país es como trasplantar un árbol, si las condiciones no son las adecuadas en el nuevo sitio, las cosas no funcionarán.
La adaptación debe darse en todos los miembros de la familia, poniendo especial atención en apoyar a la pareja del contratado que se reubica, quien tiene mucho para perder y juega un rol crítico en el proceso.